Cómo escoger videoproyector

A pesar de que las grandes pantallas de televisor son cada vez más frecuentes en los hogares modernos, también hay consumidores que optan por comprar un videoproyector. Razones de espacio, el poder montarlo y desmontarlo para dedicar una misma sala a diversos usos o querer disfrutar de una pantalla verdaderamente gigante a un muy buen precio son buenos motivos para dar este paso.

1. Luminosidad, contraste y definición

Asumimos que vamos a comprar el videoproyector para uso doméstico. Las características para uso académico o profesional podrán ser más a la baja, pues probablemente lo que se proyectará serán presentaciones en ordenador más que películas de alta definición.

Necesitamos tomar bien las medidas al espacio donde lo ubicaremos y situar el proyector al menos a 2,5 metros de la superficie de proyección. Nos fijaremos en la cantidad de luz de la sala, dado que cuanta más haya más lúmenes de potencia vamos a necesitar. También tendremos presente que a mayor distancia de la pantalla, más necesidad de lúmenes tendremos. Si por ejemplo la sala tiene mucha luz natural y no podemos cerrar persianas, escogeremos entre 2.000 y 2.500 lúmenes, pero en condiciones normales valores inferiores también darán muy buen resultado.

En el apartado de contraste, que mide la relación entre blancos y negros, un buen valor para proyecciones de cine es 1.500:1.

La definición varía bastante y hay una amplia oferta, en un rango de 800 x 600 píxeles de los SVGA a los 1.920 x 1.080 del Full HD, que será en principio la opción preferente por calidad de imagen y uso que se le dará. En general y en oposición a la tele, la imagen del videoproyector es mejor porque la manera que tiene de generarla es más parecida al cine.

2. ¿Tecnología LCD o DLP?

La tecnología LCD es anterior a la DLP y cada una tiene su punto fuerte. Así, con LCD obtenemos mejor intensidad de color y con DLP mayor contraste. Para decidirnos es una buena idea consultar vídeos en Internet que nos muestren la diferencia y optar en función de lo que prefiramos.

Existe también la tecnología LCoS que básicamente pretende juntar las ventajas de las otras dos. A la vez disimula mejor la matriz de píxeles de las imágenes, pero el precio es más elevado.

3. HDMI y relación de aspecto

En proyectores profesionales o para educación, la conexión con un ordenador es suficiente. En el uso doméstico, poder conectar un cable HDMI es imprescindible. Aunque la relación de aspecto hoy en día acostumbre a ser de 16:9, no está mal hacerse con un videoproyector que también soporte la relación 4:3, pero en todo caso y sobretodo que pueda alternarse entre los dos modos.

4. Mantenimiento

La instalación de un videoproyector es ciertamente más aparatosa que la de un simple televisor, pero tampoco se necesita hacer obras. Hay que calcular bien las distancias y disponer de espacio suficiente.

También hay que saber que la vida de una lámpara de proyector estándar está entorno de las 2.000 horas frente a las (¡ojo, teóricamente!) decenas de miles de un televisor LED y que el coste mínimo de una lámpara de recambio ronda los 200 €.

5. Resumen

En uso doméstico calcularemos el espacio de que disponemos y elegiremos la luminosidad, contraste y definición acorde al entorno donde instalaremos el videoproyector, nuestros gustos y el presupuesto. La tecnología LCD o DLP irá en función también de nuestro gusto; si el presupuesto nos lo permite, podemos optar por un aparato LCoS. Nos decantaremos por productos que ofrezcan alternar relaciones de 16:9 y 4:3 y escogeremos siempre conexión HDMI. Los fabricantes que ofrezcan recambios de lámparas a precios más razonables serán una opción a tener en cuenta.